Primero sintió la brisa sobre la piel, luego le llegaron los sonidos, finalmente, la luz a través de los parpados hirió sus pupilas aun a pesar de no haber abierto los ojos. Cuando respiró por la nariz le llegó un olor dulce, que no solo invadió sus fosas nasales sino también su boca, haciendo que por primera vez abriese los labios y saborease aunque fuese solo una ilusión sensitiva... Era agradable.
Finalmente abrió los ojos y un cielo despejado la recibió. La luz hizo que los cerrase de nuevo, dolía pero no le importó, ya lo había hecho, había visto el mundo... Vagamente le vino el recuerdo de otro, otro lugar, parecido, pero que sin embargo sabía que no era igual... Fue consciente, no estaba en su hogar, si es que podía siquiera llamarlo así.
Cuando comenzó a ser consciente de su entorno dio sus primeros pasos, torpes aunque mas coordinados que los de un niño pequeño. Comenzar así era complicado, pero debía hacerlo, algo le decía que andar a cuatro patas no era algo que la gente humana hiciese... ¿Y ella? ¿Debía hacerlo? Al fin y al cabo no era humana ¿y por qué estaba tan segura de eso? Ni siquiera había visto un ser humano antes...
Alguna explicación habrá - Pensó torpemente, antes de encaminarse hacia... El horizonte, porque tampoco tenía un lugar al que ir, al menos no por ahora... Quizá debiera haber pensado en, mejor, buscar algo que cubriera sus vergüenzas, su pequeño y desnudo cuerpo, pero al fin y al cabo la vergüenza era una convención social, y si por otra parte lo normal era llevar prendas por mero abrigo, tampoco las necesitaba, no tenía frío, nunca lo tendría, no estaba hecha para eso.
Cuando encontró una zona en la que las hierbas y flores no crecían, decidió caminar por ella, sin entender por qué supo que si avanzaba por allí, llegaría a algún sitio y no se limitaría a perderse entre los árboles y valles.
... Pero curiosamente, se perdió.
Ese camino no conducía a nada, simplemente se extendía hasta donde abarcaba su vista, caminó y caminó, el cielo se tornó anaranjado, violáceo y finalmente negro, unos diminutos puntos lo decoraban y un "sol nocturno" iluminaba vagamente el suelo ante ella. Gracias, sol de noche - Pensó alzando la mirada hacia el satélite, que en silencio observaba su marcha.
El sol estaba sobre ella cuando llegó al primer pueblecito. Gente entrañable para su suerte, pues en lugar de tomarla por una loca que hubiera sido casi lo normal en aquellos tiempos, vieron en ella una criatura descarriada y perdida que necesitaba ayuda para volver a parecer un ser humano. No preguntaron ni por su cabello azul, ni tampoco por aquellos orbes cambiantes que tenía por ojos, reflejos de las millares de almas que albergaba en secreto dentro de si.
Le dieron comida, prendas para cubrirse aunque ella las rechazase ¡eran incómodas, por Dios! ¿A santo de qué debía ella cubrirse el cuerpo? Bueno, ellos lo hacían, tan malo no debía ser ¿o si?
Es cuestión de que te acostumbres, niña, debes llevar mucho tiempo perdida - Decía el anciano que amablemente la acogió en su casa.
¿He estado perdida? - Desconocedora de su origen y el por qué del mismo, no recordaba haber estado perdida, porque tampoco sabía que literalmente, había nacido ayer, por no decir de una forma mas cruenta que había sido fabricada.
... Definitivamente ha debido pasarte algo, Ánima ¿verdad?
Es un nombre bonito, suena a Alma, y eso me da mucha tranquilidad... - Añadió la esposa de su anfitrión con una sonrisa que hacía honor a esa frase.
Aquello hizo saltar algo dentro de Ánima. ¡Almas, claro! ¡Ya sabía por qué se sentía tan rara! Ahora las notaba en su interior, unas mas grandes, otras mas oscuras, avariciosas, divertidas, preciosas, feas, horrendas o tan hermosas que harían llorar al peor de los demonios... ¡Como las personas! Y es que en definitiva a eso se reducían los mortales, a almas, la única parte inmortal de si mismos... Ahora todo tenía lógica.
¡Yo...! ¡Ya se quien soy, quiero decir, qué...! ¡Mas bien por qué estoy aquí, debo guardar las almas de mi pueblo en mi interior! - La convicción de sus palabras hizo dudar por unos instantes al matrimonio, que tras la sorpresa inicial rompieron a reír alegremente, alabando la imaginación de la niña.
Fue la primera vez que nadie la creyó, la primera de muchas. Pero por suerte o por desgracia la gente terminaría asimilando que la en apariencia disparatada ocurrencia de la niña peliazul no era una broma.
Pese a la buena acogida que inicialmente había tenido, en cuanto se puso a hablar sobre almas, nigromantes y mundos lejanos la opinión popular empezó a cambiar, ya no les hacía tanta gracia tener a una desconocida que había llegado en tan extrañas circunstancias en su pequeño y pacífico pueblo, pese a que ella había demostrado ser incapaz de dañar a una mosca, ni siquiera por accidente... Habiendo pasado menos de una semana al cuidado del matrimonio de ancianos se vio obligada a marcharse si no quería causarles mas problemas a los que tan bien la habían tratado.
Por supuesto no dejaron que se marchase con las manos vacías. Le entregaron víveres suficientes como para pasar cuatro días fuera, ropa de recambio, algunas monedas con las que poder pagarse una comida caliente, o si ganaba algunas más, hacer noche en una posada u hostal. ¿Necesitaba dormir? ¿O comer? No tenía esa sensación, pero de todas formas no le hizo el feo a sus amigos y partió gustosa con su nuevo fardo repleto de útiles para sobrevivir, aunque su supervivencia estuviese lejos de limitarse o parecerse a la misma visión que tenían ellos.
Esos fueron los primeros días de Ánima, sola de nuevo, partía a conocer nuevos horizontes, nuevas gentes... Nuevos peligros.